Gran parte de nuestro tiempo lo invertimos comprando. Pero, ¿cómo determinamos qué comprar y cuándo? ¿Es el proceso de compra racional o emocional?

La teoría económica tradicional sostiene que los consumidores determinan su consumo óptimo mediante la maximización de utilidad. Así, dada la restricción presupuestaria, el consumidor elige entre distintos bienes (o entre trabajo y ocio) de manera de optimizar su bienestar siguiendo un proceso puramente racional.

¿Qué quiere realmente el consumidor?

Si bien la decisión de consumo tiene una componente racional, también existe un factor emocional. De hecho, hay veces en que compramos por impulso, sin siquiera pensar lo que estamos comprando y para qué lo necesitamos. Todos en algún momento de nuestra vida hemos comprado algo que no nos era para nada útil y que terminó tirado en algún lugar sin siquiera ser estrenado. ¿Es esto racional?

La realidad es que interactuamos con los productos y las marcas tanto con nuestra razón como con nuestras emociones. Compramos productos no sólo por sus propiedades físicas, sino por una serie de intangibles que resultan tanto o más importantes que las cualidades materiales. Las marcas y productos nos hacen evocar recuerdos, nos hacen sentir más importantes, seguros, integrados, etc.

Viveroempresasvicalvaro

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